21 dic 2013

Las falacias y la nueva ley del aborto

En uno de los primeros textos de ética médica, el Juramento Hipocrático, atribuido al propio Hipócrates o a uno de sus discípulos allá por el siglo V antes de nuestra era, se hace jurar al futuro médico sobre la siguiente frase: “No administraré abortivo a mujer alguna”.  Esta promesa nos debe hacer reflexionar sobre el sentido de la frase, pero también sobre la realidad que asumía. Una realidad de la cual formaba parte el aborto.

¿Qué causa tan poderosa y constante lleva a que una decisión como la interrupción voluntaria del embarazo esté presente a lo largo de toda la historia, y a que la actitud de las sociedades levantadas sobre las referencias masculinas haya sido siempre la misma: obligar a la mujer que "padece" un embarazo no deseado a continuar con él a lo largo de toda su vida? Sí, digo bien, a lo largo de toda su vida, porque un embarazo no deseado no dura 9 meses, sino toda una vida.
26 siglos después, la respuesta de Gallardón es la misma, porque 26 siglos después la desigualdad impregna los valores de una mentalidad conservadora que entiende que las mujeres están para cumplir con los designios de una cultura androcéntrica y con las funciones encomendadas, entre ellas la maternidad. Pero como la sociedad ha evolucionado y el conocimiento crítico ha aumentado por más que le pese a algunos, el Gobierno ha necesitado recurrir a una serie de falacias para hacer verdad su mentira y presentar la limitación de los derechos de las mujeres como un avance social. Entre esas falacias encontramos la siguientes:

- Presentan el aborto como un problema derivado de la libertad sexual o de la llamada "ideología de género", y surgido en fechas recientes por la deriva progresista de la sociedad, cuando ha estado presente en cualquier momento de la historia.
- Intentan confundir a la sociedad con un mensaje que presenta la libertad de las mujeres para decidir sobre su maternidad con una "obligación a abortar".
- Hablan de defender la vida del "concebido" como objetivo, pero en realidad entran en contradicción al admitir que en los casos de violación se puede practicar un aborto. Todo el mundo entiende el impacto de una violación sobre la mujer, pero si el argumento del Gobierno es que la vida del embrión está por encima del daño psicológico de la mujer, ¿por qué se admite sin más el aborto en casos de violación sin comprobar el impacto que tiene sobre las mujeres, y si este ocasiona un grave peligro a la salud psicológica de la madre? No le importa entrar en contradicción con tal de evitar el conflicto social que sería obligar a continuar con el embarazo derivado de una violación, ya que este supuesto para abortar es admitido por la sociedad de forma mayoritaria.
Y tampoco le importa mucho la salud psicológica de la madre al quedar ésta en un segundo plano ante dos hechos:

- Las anomalías fetales que justifican el aborto por ocasionar un "grave daño psicológico a la mujer" tienen que ser incompatibles con la vida del feto. Si las anomalías son compatibles con la vida del recién nacido y se genera un "grave peligro" para la salud psicológica de la madre, no se hará nada.
- Si las anomalías fetales se detectan antes de la semana 22, pero el grave peligro para la salud psicológica de la mujer se manifiesta después de esa semana, aunque las alteraciones del feto sean incompatibles con la supervivencia del recién nacido, la madre seguirá sufriendo de por vida. El feto muere, pero ella sufrirá todo el tiempo que esté viva.

Como se puede comprobar se trata de una ley trampa para las mujeres y para la sociedad que esconde el engaño en su propio nombre, "Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada". Engaña porque no protege al concebido en todos los casos, ni mucho menos los derechos de las mujeres embarazadas, que son negados de entrada para que no pueda decidir, y después quedan supeditados a lo se decida sobre la vida del concebido, aunque este no vaya a vivir debido a las alteraciones que padece.

Lo que demuestra esta ley, Gallardón, Rajoy, el Gobierno y el PP, es que no se admite la igualdad ni la libertad de las mujeres para decidir sobre su maternidad, y que su decisión debe quedar al arbitrio de un tutor, que cuando son mayores es el Estado y cuando son menores de 18 años, pero mayores para decidir sobre cualquier otro acto médico, son sus padres. Unos padres que pueden decidir por ella hasta el punto de, por ejemplo, obligarla a no abortar aunque se dé alguno de los supuestos admitidos para interrumpir el embarazo. De manera que una chica de 17 años violada, que queda embarazada y que decide abortar, si sus padres no lo autorizan tiene que continuar con el embarazo. Terrible, pero eso lo que dice la nueva ley.
Lo que no explica el ministro Gallardón en su intento de confrontar lo que presenta como una decisión de las mujeres irreflexiva, imprudente e infantil con la trascendencia de una "vida concebida", es bajo qué argumento se puede obligar a una mujer que no desea un embarazo a continuar con él a la fuerza. Ni siquiera la "idea de vida" del concebido es suficiente cuando, por ejemplo, a profesionales que se enfrentan a peligros objetivos como parte de su trabajo, tal y como sucede dentro de la medicina, la policía, el servicio de bomberos… no se les obliga a asumir determinados riesgos para salvar la vida de una persona con todo un proyecto vital real y en marcha. En cambio, una mujer embarazada sí debe asumir todos los riesgos que se presenten, bien en la continuación del embarazo, o bien al someterse a una interrupción voluntaria en condiciones sin garantías sanitarias para proteger la "vida del concebido".

No deja de ser curioso que desde el mismo Ministerio del Sr. Gallardón cuando un hombre convicto al que se diagnostica que tiene riesgo de agredir a una persona, como ocurre con los maltratadores en violencia de género, sean los jueces y juezas quienes tengan que decidir si se coloca o no una pulsera para controlar el cumplimiento de la distancia de seguridad a la víctima, puesto que al llevarla se limitan sus derechos, y que, en cambio, se pueda obligar a una mujer a llevar hacia delante un embarazo en condiciones que afectan a sus derechos y a su propia vida.

Entiendo que se pueda criticar a las mujeres por decidir interrumpir el embarazo, y que desde la religión se las condene al castigo eterno, pero creo que la libertad está por encima de quien no comparte esas ideas, y que vivir en democracia significa respetarlas.

La solución al aborto está en la prevención a través de la educación sexual, tal y como desarrolla la actual ley, no en esconder la realidad y las propias cifras de los abortos que se van a producir tras la cortina oscura de lo que suceda al margen de la ley, o más allá de nuestras fronteras. Esconder la realidad no la cambia, es, sencillamente, otra falacia.

Regreso al pasado

El proyecto de ley del aborto que ayer presentó el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, liquida la ley de plazos aprobada en 2010 y perfila una regulación más restrictiva que la ley de supuestos de 1985. Con esta contrarreforma, que puede prosperar gracias a la mayoría absoluta del PP, las mujeres españolas volverán a una situación de excepción casi sin igual en Europa por la inaceptable sumisión del Gobierno a los sectores más retrógrados de la Iglesia católica. Como ocurre en otros 20 países de la UE, con la actual ley las mujeres pueden abortar libremente hasta las 14 semanas, y en determinados supuestos hasta las 22. El proyecto de ley arrebata a la mujer la capacidad de decidir libremente. Solo se le permitirá interrumpir el embarazo en dos supuestos: violación (hasta las 12 semanas) y grave peligro para la salud física o psíquica de la madre (hasta las 22), algo que en todo caso deberán acreditar dos especialistas ajenos a la clínica donde se practique el aborto.

Tampoco se permitirá interrumpir el embarazo, como ocurre ahora, en caso de grave malformación del feto. A tenor de lo anunciado por el ministro, solo se contempla la posibilidad de abortar cuando el feto sufra una anomalía incompatible con la vida y suponga además un grave riesgo para la salud psíquica de la madre. El derecho a la vida del nasciturus pasa así por delante, no solo de la libertad de la madre, sino de su propia salud mental, pues solo podrá acogerse a la ley en los casos en que el bebé morirá de todos modos. Esta restricción no solo supone una crueldad para la mujer, sino para el propio nasciturus, al que se condena a llevar en muchos casos una vida de penalidad y sufrimiento. Todo ello en aras de una interpretación torticera de la convención de Naciones Unidas sobre discapacidad, que lo único que exige es que no haya diferencias de trato —por ejemplo, plazos de interrupción distintos— entre el feto con anomalías y el feto normal. En ningún caso impide el aborto, si este se permite también para un feto sin malformaciones.

Con este proyecto de ley, España regresa a tiempos que creíamos superados y consagra un modelo de regulación autoritaria que no solo impide a la mujer cualquier derecho a decidir sobre su maternidad, sino que la coloca en posición de minoría de edad, de subordinación a terceras personas que tendrán la potestad de decidir algo que condiciona el resto de su vida. Pero no es solo una cuestión que afecte al derecho a decidir. Afecta también a la libertad de conciencia.

Con esta regulación el Gobierno confunde moral privada y moral pública. Concede al Estado la potestad de decidir en qué casos una mujer puede abortar en función de unas creencias religiosas que pertenecen al dominio de lo privado de una parte de la sociedad, y que ni siquiera son compartidas por la mayoría. En aras de las creencias de esa minoría, el Estado se arroga la potestad de obligar a dar a luz a todas las mujeres que no cumplan los supuestos autorizados, incluidas las que no comparten esas creencias. Con la ley de 2010, ninguna mujer está obligada a abortar. Con la nueva regulación, muchas se verán obligadas a dar a luz. En una sociedad plural, semejante imposición puede equivaler a un atentado a la convivencia. Y aunque la nueva ley no sanciona penalmente a las mujeres que la incumplan, sí se penalizará a los profesionales que intervengan. Se trata, de una reforma innecesaria, hipócrita y socialmente discriminatoria: es evidente que las mujeres que quieran abortar y tengan recursos, incluidas muchas católicas, lo harán en otros países, mientras que las que no tienen esos medios se verán abocadas a un aborto de riesgo, inseguro y clandestino, como en los tiempos más oscuros de la historia de España.

17 dic 2013

La Gran Famiglia Genovesa actualizada

En esta nueva lista somos conscientes que no están todos los que seguramente deberían estar. Tanto lo somos que desde aquí os animamos a que nos hagáis llegar vuestras aportaciones con sus nombres y apellidos para que entre unos y otros seamos capaces de evaluar mejor el coste de esta desvergüenza tan desvergonzada que con tesón practican los genoveses originales y genuinos. Eso sí, os rogamos que los casos estén lo + documentadas posibles. Aquí os va la lista en la que como botones de muestra también hemos incorporado algunos ejemplos de familiares que han encontrado nomina y despacho en administraciones territoriales y locales gobernadas por genoveses:
Luis de Guindos. Ministro de Economía. Antonio de Guindos. Hermano ex concejal de Medio Ambiente, Movilidad y Seguridad del Ayuntamiento de Madrid. Leticia de Guindos, sobrina del Ministro De Guindos, reubicada en la Agregaduría del Ministerio de Agricultura. Beatriz de Guindos, tan sobrina como la anterior. Nombrada Directora General de Competencia de la recién creada Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)
Micaela Arias Cañete. Hija del ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete. Nombrada Subdirectora de Industria y Energía de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)
José Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte. Su ex pareja Edurne Uriarte, reubicada como tertuliana en TVE. La actual, una de sus más estrechas colaboradoras, con rango de Secretaria de Estado
Iván De la Rosa. Dirección de Asuntos Jurídicos de Telefónica S.A. Marido de Soraya Sáenz de Santamaría, Vice Presidenta, Ministra de la Presidencia y Diputada.
Ana Pastor Julián. Ministra de Fomento y Diputada. José Benito Suarez, marido de la ministra nombrado Presidente de la Autoridad Portuaria de Marín-Ría de Pontevedra 
Ana Mato Adrover, Diputada y Ministra de Sanidad. Su hermano Gabriel Mato Adrover, eurodiputado.
Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior. Alberto Fernández Díaz, Presidente del grupo municipal del Partido Popular de Cataluña en el Ayuntamiento de Barcelona. 
Pío García Escudero, Presidente del Senado y su hermana Patricia García-Escudero, Directora de la Oficina Española de Patentes y Marcas.
José Ramón Bujanda Sáenz. Presidente de SAECA empresa pública participada por la SEPI y el Ministerio de Agricultura. Cuñado de Miguel Arias Cañete, Ministro de Agricultura.
Álvaro Nadal Belda. Director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno con rango de Secretario de Estado. Casado con María Teresa Lizaranzu Perinat, Directora General de Política e Industrias Culturales y del Libro.
Alberto Nadal. Secretario de Estado de Energía casado con Eva Valle Maestro nombrada Secretaría Técnica de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos que preside su hermano gemelo Alvaro Nadal Belda.
Iñigo Méndez de Vigo, Secretario de Estado para la Unión Europea y su hermana Beatriz Méndez de Vigo, Secretaria General del Centro Nacional de Inteligencia.
María Rosario de Pablos López, Secretaria General de la Presidencia del Gobierno y su hermano Manuel de Pablos López, nombrado Consejero del Ministerio de Agricultura en New York.
Belén Navarro Heras, Directora general del Catastro. Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y su hermana. Rosana Navarro Heras, Secretaria General de Coordinación Autonómica y Local. Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.
Rafael Rodríguez Ponga. Secretario General del Instituto Cervantes. María Flavia Rodríguez Ponga. Directora General de Seguros y Fondos de Pensiones. Hermana de Rafael. Estanislao Rodríguez- Ponga. Ex Secretario de Estado de Hacienda y ex Vocal Banco Financiero y de Ahorros del Grupo Bankia.
Rafael Catalá Polo. Secretario de Estado en Fomento y Raquel Catalá Polo. Delegada Especial de la Agencia Tributaria en Madrid.
José Canal Muñoz. Secretario General Técnico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y su mujer Sonia Ramos Piñero, Directora General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo.
Carmen Gámir. Jefa de Prensa de la Secretaria de Estado de Presupuestos. Compañera sentimental de Alberto Feijóo, Presidente de la Xunta de Galicia.
Elisa Robles Fraga. Directora General del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), organismo dependiente de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. Sobrina de Manuel Fraga Iribarne.
Víctor Calvo Sotelo. Secretario de Estado de Telecomunicaciones. Hijo de Leopoldo Calvo Sotelo, ex Presidente del Gobierno
Eva Miquel Subías. Asesora corporativa de Puertos del Estado. Casada con Julio Gómez Pomar, Presidente de RENFE
Ramón Ongil Cores. Director de Comunicación de Paradores Nacionales. Hermano de María Ongil Cores, Senadora y diputada de la asamblea de Madrid.
María del Mar Matarí Sáez. Secretaria Particular de la Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, hermana de Juan José Matarí Sáez, Diputado por Almería
Alfonso Nasarre Goicoechea. Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de RTVE. Eugenio Nasarre Goicoechea, Diputado por Granada.
Gabriel Elorriaga Pisarik, diputado. Beatriz María Elorriaga Pisarik, senadora
Ignacio González González. Presidente de la Comunidad de Madrid. Diputado regional y Secretario General del PP en la Comunidad de Madrid. Pablo González Liberal. Padre del susodicho. 86 años. Trabaja en el Grupo Parlamentario Popular en el Senado. Isabel Gema González González. Hermana de Ignacio. Diputada de la Asamblea de Madrid desde la VI Legislatura. Cuarto Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Pozuelo. Pablo González González. Hermano de Ignacio. Desde Abril del 2012 ha sido nombrado Director de Estructuras Comerciales de Mercasa, que depende de la SEPI. Con anterioridad trabajó en Bankia hasta salida de Rodrigo Rato y de la nacionalización de la entidad financiera. Lourdes Cavero Mestre. Esposa de Ignacio, adjunta a la presidencia de la patronal madrileña CEIM que preside Arturo Fernández por el que recibe 78 mil euros anuales. Consejera a propuesta de la CEOE en el Consejo Económico y social europeo (CESE) y miembro Consejo Social en Universidad Autónoma de Madrid. Carmen Cavero Mestre. Cuñada de Ignacio González. Vocal del Consejo de Caja Madrid Cibeles, S.A. Hasta su nacionalización ha sido una de las consejeras ‘independientes’ en el Consejo de administración de Bankia. Imputada por la Audiencia Nacional.
Isabel María Borrego Cortés, Secretaria de Estado de Turismo, mujer de Vicente Martínez Pujalte, diputado genovés por Murcia.
Álvaro Ramírez de Haro y Aguirre. Asesor del Secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz. Hijo de Esperanza Aguirre. Cristina Aguirre, hermana de Esperanza Aguirre, asesora del Ayuntamiento de Madrid. Claudio Aguirre Pemán, Consejero de Caja Madrid. Primo de Esperanza Aguirre.
Ángeles Alarcó Canosa. Presidenta y Consejera Delegada de Paradores Nacionales. Ex mujer de Rodrigo Rato, ex Vice Presidente del Gobierno y ex Diputado.
Miguel Cardenal Carro. Presidente del Consejo Superior de Deportes. Hijo de Jesús Cardenal, ex Fiscal General del Estado con José María Aznar.
María Zaplana Barceló. Asesora en la Secretaria de Estado de Turismo. Hija del ex ministro Eduardo Zaplana.
Ángel Recio. Asesor del Subdelegado del Gobierno en Guadalajara y alcalde de Fuente Lahiguera de Albatages. Marido de Ana Guarinos. Presidenta de la Diputación Provincial de Guadalajara.
Lucía Figar Consejera de Educación de la CAM y su marido Carlos Aragonés, diputado por Madrid.
José María Aznar, ex Presidente del Gobierno . Ana Botella, Alcaldesa de Madrid. Manuel Aznar, hermano de quien te imaginas, Consejero del Tribunal de Cuentas
Salvador Victoria, Consejero de la CAM. Su mujer Mayte Jiménez. Consejera de Caja Madrid Pensiones
Rafael Blasco, diputado autonómico en las Cortes valencianas y su mujer Consuelo Ciscar, Directora del IVAM de la Comunidad Valenciana.
Nieves Alarcón Castellanos, Consejera de Caja Madrid Pensiones, empresa participada por Bankia y su marido Francisco Granados, Senador.
Fátima Torrija. Asesora de la Subdelegación del Gobierno de Albacete. Esposa de Francisco Núñez. Presidente de la Diputación Provincial de Albacete y Alcalde de Almansa
María Luisa Soriano, Consejera de Agricultura de Castilla-La Mancha. Su hijo Andrés Porras Soriano, asesor de la Secretaria General del Ministerio de Agricultura y Alimentación.
Ángel María Sainz García, Consejero de Educación en Portugal. María Jesús Sainz García, senadora por A Coruña.

María Soledad Salafranca, Consejera de Educación en Andorra. José Salafranca, miembro de la Junta Directiva Nacional y del Comité Ejecutivo Regional del Partido Popular de Madrid, miembro del Consejo de Relaciones Internacionales del Partido Popular. Desde 1994, diputado al Parlamento Europeo
Aurelio Miras Portugal. Director general de Migraciones del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. María Teresa Miras Portugal nombrada por el Ministro Wert Presidenta de la Comisión de Reforma de la Universidad
Eduardo Buller Halter, Consejero de Educación en Suiza. Manuel Isidro Butler Halter, Director General de Turismo.
Esteban González Pons, diputado por Valencia y su mujer Piluca Bertolín, Directora creativa del departamento de marketing de Aguas de Valencia.
María José Alcón, ex concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valencia, recolocada como asesora de su pareja sentimental y Vicealcalde del Ayuntamiento de Valencia, Alfonso Grau.
Teresa Cervera, Directora de Recursos Humanos de Paradores Nacionales y su hermano Santiago Cervera, ex diputado y ex Secretario 4º de la Mesa del Congreso.
Ignacio González Velayos, Consejero Delegado de Metro de Madrid y su cuñado Fernando Preciado Lage, Gerente de Gestión Patrimonial del Metro.
Elena Nevado, Alcaldesa de Cáceres y su hermana María José Nevado, Directora general de Formación para el Empleo de la Junta de Extremadura.
Cristina Teniente, Vicepresidenta de la Junta de Extremadura y su pareja Raúl Valencia, ex jefe de prensa del Vicesecretario General del PP y diputado del PP Carlos Floriano, ocupa desde las pasadas elecciones municipales el cargo de responsable de comunicación del Ayuntamiento de Cáceres.
Elisa Díaz González, Directora Territorial de Urbanismo de la Generalitad Valenciana en Alicante y sustituta como diputada autonómica de Pedro Angel Hernández, ex diputado autonómico y ex Alcalde de Torrevieja, condenado a 3 años de cárcel .Su padre, Luis Díaz Alperi, ex alcalde de Alicante, es también diputado autonómico del PP y está imputado por el Caso Brugal.
Juan José Cardona, Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria. Cristina Reyes, cuñada de Juan José Cardona nombrada Gerente de los servicios municipales de limpieza.

PP: un partido secesionista

La reactivación de los movimientos secesionistas, ¿nace o se hace? Esta es la cuestión de fondo, porque partidos, movimientos y ciudadanos independentistas siempre los habrá mientras exista la figura del Estado, en la que, por mucho que se empeñen, no puede ni debe haber figura jurídica ni retórica que obligue a todo el mundo a sentirse cómodo en su seno como comunidad autónoma o nación, ni siquiera como individuo. Sí, ya he leído que el artículo 8 de la Constitución dice que el Ejército garantiza la unidad territorial, pero yo estoy hablando de democracia, no de imposición por las armas.

Pues eso, me gustaría reflexionar sobre el auge o exacerbación de los movimientos independentistas que tienen en este Gobierno y en su partido el chollo de los chollos. Cuando Aznar llegó al poder, los partidos independentistas eran casi marginales; cuando lo dejó después de ocho años, gobernaban en coalición en las comunidades de Galicia y Cataluña, y en el País Vasco tenían una presencia espectacular en instituciones y municipios.

Para mí, España, como mapa, está muy conseguida, tiene de todo; como selección de fútbol, muy bien; en ganas de cachondeo, los mejores; pero como portadores de valores eternos, según nos definía José Antonio Primo de Rivera, somos una especie a abolir. Todos los valores que nos distinguen del resto tienen que ver con el latrocinio, la corrupción, y el pillaje. Es en eso, sobre todo, en lo que somos la reserva espiritual de Occidente y en lo que destacamos.

No ocupamos un lugar preferente entre las naciones cuyos prohombres han hecho avanzar la civilización y la ciencia, y los pocos que han trascendido acabaron sus días en la hoguera o en la indigencia tras pasar por el talego. Recomiendo al lector que mire el índice onomástico de cualquier enciclopedia de la ciencia de esas que hay en las grandes superficies y busque un apellido español entre los cientos y cientos que han dedicado su vida a que el mundo fuera más habitable, más seguro y menos doloroso.

No, nosotros no nos dedicamos a eso, y ahora que teníamos la posibilidad, por primera vez, de dejar trabajar a nuestros científicos, nuestros gobernantes han dado prioridad absoluta a la economía, a la suya, claro, a la propia, no a procurar nuestro bienestar, y los han echado, los han bendecido y animado en ese espíritu aventurero que les lleva a medir sus posibilidades en el extranjero. Pero nuestros próceres quieren que amemos España, sus esencias, lo que de abstracto tiene, mientras la convierten con nocturnidad y alevosía en una SL que rinda contantes dividendos a las empresas que les aguardan en los consejos de administración.

Los que leemos la prensa de vez en cuando o, como es mi caso, recibimos información por todos lados por cuestión de trabajo, estamos inmersos en una pesadilla insoportable. ¿A alguien le extraña, con la que está cayendo, el auge de los movimientos independentistas?

Es que, además de la que lían y cómo amparan en comandita la corrupción llamando al toque de unidad, silencio y solidaridad con el presunto, dándole ánimos y pagando su defensa (recordemos el caso Bárcenas, cuyo abogado corría a cuenta del partido, o a Trillo, que cobró una sustanciosa minuta por coordinar la defensa de los implicados en el caso Gürtel), o con el convicto, solicitando su indulto; además de esto, se muestran intransigentes con aquellos a los que llaman periféricos.

Los actos políticos tienen consecuencias. La impunidad a la que aspiran en el marco político y jurídico, para la cual copan las instituciones con militantes o afines, la pretenden también en el espacio social, olvidando que vivimos en la era de los ciudadanos, no de los súbditos. Ese amor patrio que brota en sus pechos no es compartido. La España Una no se perderá por la propuesta de esa consulta llamada soberanista. Se perdió hace tiempo por muchas razones.

Sentencia del Estatut


La más reciente, cuando el Tribunal Constitucional echó para atrás la reforma del Estatut de Cataluña, aprobada en su Parlamento y, más tarde, en referéndum por el pueblo catalán, tras siete recursos y cuatro recusaciones, de la que sólo prosperó la del magistrado Pérez Tremps a petición del PP, claro, dando lugar a una jauría política impresentable que cerró las puertas a un posible encaje dentro del marco legal. Ése fue el pistoletazo de salida de la carrera independentista patrocinada por el Partido Popular que, pretendiendo españolizar a todo cristo, nos divide en su afán de hacernos “uno”, a la fuerza, por decreto. Acatando las sentencias como les gusta decir.

En la Comunidad Valenciana, durante ese proceso, aspirando a obtener las mismas ventajas que Cataluña con ese nuevo estatuto, lo copiaron, elaboraron uno casi idéntico, lo aprobaron en su Parlamento con el apoyo del PSOE, y más tarde se ratificó en el Congreso de los Diputados. No hubo en este caso referéndum del pueblo valenciano, y como la propuesta era del PP que gobernaba en esa comunidad, pues no se recurrió al Constitucional: ahí está.

En su estupidez, cuando el Constitucional echó para atrás el Estatut catalán, celebraron la decisión como una gran victoria política sin entender la trascendencia de ese desprecio desde la jerarquía centralista. Los más perjudicados fueron aquellos catalanes que preferían una Cataluña dentro de España: les dejaron sin argumentos.



En fin, que ahora andan molestos por la pregunta de la consulta y por el simposio España contra Cataluña. Entran bien al trapo. De todos modos, no se ha hecho tanto ruido mediático con otro que bajo el título Cuestiones sobre la España de 1931 a 1939, también pagado con fondos públicos, en el que la Comunidad de Madrid ilustraba a los profesores de nuestros niños para que contaran la versión de los franquistas al enseñar ese periodo de nuestra historia, ya saben, esos que dicen que la guerra empezó en 1934 y que aquí nunca hubo un Golpe de Estado sino defensa de la legalidad vigente, vamos, que no se bajan del burro.

También se han salido con la suya los que han dejado en la enciclopedia de la Academia de Historia, sí, sí, pagada con fondos públicos, que parece de vital importancia cuando conviene, términos como “Glorioso Alzamiento nacional”, y se quedan tan panchos encargando la biografía de Franco al presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos. Trabajan por la unidad de España, la defensa de la democracia, de la Constitución, y también de la dictadura. Me da la impresión de que abarcan mucho.

Debería aclarar que yo no soy ni independentista ni nacionalista, pero soy un buen testigo, tengo memoria y entiendo lo que pasa. No me extraña nada. Cuando veo nubes negras creo que va a llover. Claro que todavía están los que dicen que aquí nunca se pone el sol y, ¡Ay de aquellos que se empeñen en llevarles la contraria!

16 dic 2013

El otro despilfarro

Hay un modo de despilfarro del que no se habla casi en España y que, sin embargo, es tan dañino económica como moralmente. Yo diría que es aún más perverso que ese absurdo tirar el dinero en las ocurrencias públicas y privadas que tanto se denuncian y discuten. Por supuesto que hacer obras estúpidas y caras utilizando dinero público es una notoria indecencia. Espero que lo hayamos aprendido. Pero el despilfarro que quiero aquí señalar horada también la estima personal y la riqueza más profunda de la comunidad, y por eso seguramente es una perversión más honda y lesiva que enterrar recursos en construcciones, eventos y mordidas. Cuando en estas cosas se acaba el dinero, aparece ante el público toda la osadía y la desvergüenza de los responsables como un panorama de ruinas y causas criminales. Pero el otro despilfarro es peor, porque no depende solo del dinero, sino de la ausencia de pautas de cooperación y del triunfo del sectarismo político y la intolerancia; entre sus pliegues vuelve a adivinarse el viejo cainismo hispano. Y aunque sus consecuencias no son tan espectaculares como aquellas, minan, sin embargo, en silencio la moral de nuestra sociedad, y desbaratan los hilos de la cooperación colectiva en asuntos de demasiada importancia.

Siempre que hay en España unas elecciones, de cualquier ámbito que sea, se producen cambios numerosos y drásticos en parte —y no poco importante— del personal que presta sus servicios en la Administración Pública. Los nuevos mandarines proceden inmediatamente a nombrar en subdirecciones, vocalías, cargos de confianza, consejos y figuras parecidas, a funcionarios o profesionales que pertenecen a sus partidos, círculos o simpatías. En definitiva, gentes de la propia persuasión, de la propia cuerda. Lo que resulta de ello es que la mayoría de aquellos que desempeñaban tales funciones pasan ahora a habitar un espacio profesionalmente incierto. Se trata de cientos, acaso de miles, de profesionales de alta formación, cuya potencial aportación a la fuente de la riqueza social se ignora, se despilfarra.
Se ve a especialistas internacionales en protección del medio ambiente fichar por empresas privadas o asociaciones profesionales ¡extranjeras! Se ve a diplomáticos de larga experiencia vegetar en los pasillos del ministerio. Se ve a técnicos muy cualificados en derecho fiscal e inspección tributaria ser desahuciados fríamente de sus posiciones pretextando que no son de fiar. Todos ellos acabarán Dios sabe dónde, en la empresa privada o en la pura inacción, pasando los días mano sobre mano. A veces se sabe que algunos de esos funcionarios son condenados a tener su mesa vacía de expediente alguno y dejar transcurrir la jornada mirando tristemente la oquedad de su tiempo de trabajo.

Cientos de profesionales de alta formación, acaso miles, pasan a habitar espacios inciertos

No estoy exagerando. Para muestra basta un botón. Estos días, un alto funcionario de la Administración del Estado, Jaime Nicolás Muñiz, se ha visto obligado a denunciar al ministro del Interior por practicar con él eso que se llama mobbing [acoso]. Ha estado meses y meses sentado en una mesa sin que le fuera encomendado asunto alguno. Aquí lo que puede parecer una anécdota resulta ser también una categoría: su formación es envidiable para cualquier país, tanto por lo que respecta a su experiencia como servidor público como por lo que respecta a su cultura y su formación. Y parece ante todo un administrador público, no un político de partido o confesión alguna. Un funcionario a lo Weber en el más estricto sentido de la palabra. Un ejemplo de los muchos que podrían traerse aquí. Pues bien, todo ese conocimiento se desperdicia miserablemente. Su sueldo —nada bajo— se le sigue pagando, sin embargo, con rigor; por supuesto, con cargo al contribuyente. Como a tantos otros. Doble despilfarro, pues, y una herida honda en la estima moral no solo suya, sino de muchos otros servidores públicos que temen así ser usados y tirados por el primer fanático que siguiendo uno u otro de los azarosos y a veces no tan dignos caminos que acaban en una cartera ministerial haya alcanzado alguna de las esferas del mandarinato político.

En la España del XIX, los vaivenes incesantes de la política provocaban periódicamente una simple expulsión de funcionarios que los precipitaba en un desierto profesional que tenía incluso nombre y estatus jurídico: la cesantía. Los cesantes constituyeron una más de las manifestaciones de la inmadurez del Estado liberal en España. Cuando cambiaba el Gobierno cambiaba toda la Administración, y aquellos a los que les tocaba cesar malvivían anhelando el siguiente cambio ministerial. Galdós los retrató en todo su amargo desamparo en su novela Miau. Ramón Villaamil, empleado público innovador que se había propuesto nada menos que incorporar al sistema fiscal español el income tax [impuesto sobre la renta] solo puede dedicar su tiempo a impetrar el favor o la generosidad de los nuevos favoritos. A lo mejor vale la pena releer sus fatigas para descubrir la razón de que lo de hoy recuerde a lo de ayer. Porque muchas carreras de servidores públicos que están también hoy a merced del favor de los políticos. Sin duda, hemos mejorado mucho en garantías personales y profesionalidad de la función pública, pero hay demasiados políticos que no han aprendido todavía dónde pueden estar los límites de la arbitrariedad y del sectarismo.

A veces, este doble despilfarro me recuerda también aquellas subvenciones estúpidas que dio en conceder hace años la Comunidad Europea: se pagaba a los agricultores para que no sembraran sus campos. No hay que excluir que esta absurda política sea la responsable del abandono del campo español. Hoy se hace algo parecido con muchos funcionarios: son pagados, pero se les condena a no trabajar. Y tampoco hay que excluir que eso vaya ser responsable de la degradación de la Administración Pública. Y seguramente el despilfarro material no es lo peor: semejantes prácticas en el empleo público pueden acabar en un peligroso envilecimiento de los funcionarios mismos, que acabarán por sentirse obligados a desarrollar externamente conductas obsequiosas impropias de un profesional digno. Sí, digno, porque se trata también de un problema de dignidad.

Muchos políticos no aprenden dónde están los límites de la arbitrariedad y del sectarismo

El Partido Popular corre el riesgo de echar a perder por segunda vez la mejor oportunidad que ha tenido la derecha española contemporánea de articularse como un partido conservador a la altura de los tiempos. La primera fue con José María Aznar, cuyo retrato histórico —al contrario de lo que él mismo parece suponer— será previsiblemente insignificante y negativo. Y no solo porque después del logro de convivencia que supuso la Transición volviera a la intemperancia y el desdén. Lo será sobre todo porque impidió la formación de un partido que podía haber representado con toda dignidad y sin sectarismo al más importante segmento del moderno pensamiento conservador español. En lugar de hacer esto, interfirió su rumbo más fructífero y prometedor incrustando en sus nódulos la intolerancia de grupos políticos, religiosos y sociales cercanos a su obtusa personalidad, y propiciando en él sus actitudes intransigentes y sectarias.

En su segunda oportunidad, el partido parece haber aceptado esa parte de su legado sin beneficio alguno de inventario; esa ha sido su práctica cuando ha estado en la oposición, y muchos de sus actuales dirigentes parecen querer proseguir en el Gobierno con aquel temple agresivo y excluyente, con esa impronta autoritaria que no duda en relegar a cualquiera en aras de los intereses del partido. Con aquel autoritarismo anticuado que definió tantas veces a nuestra vieja derecha y que vuelve a estar demasiado presente en la práctica política de la actual. Aquí y allá, sigue hoy advirtiéndose en sus filas el fanatismo que habita en círculos religiosos intolerantes y en mentes políticas integristas. Y quizás una de sus manifestaciones más nocivas sea esa de darse, como si de un plan de trabajo deliberado se tratara, a la práctica de la exclusión y ninguneo de servidores públicos no afines, una práctica indeseable que está volviendo a producir entre nosotros un estúpido despilfarro económico y humano.

Sobresueldo, sobretrabajo, sobrepresidente

1. En un descuido, y lo que viene a continuación es rigurosamente cierto, acabo de cazar a un analista televisivo mientras argumentaba esto: que por qué no iba a cobrar Aznar del PP mientras era presidente si hacía un trabajo doble. O triple, quién sabe, que los hombres extraordinarios multiplican por tres lo que a los demás no nos sale ni a cuarto y mitad. Pero para eso los demás somos unos mediocres envidiosos y Aznar un sobrepresidente cuyo sobretrabajo hizo bien el PP en sobrecompensar. Exactamente, con 97.737 euros si en 1996 hubieran existido los euros y no los 16 millones de pesetas que el sobrepresidente ingresó ese año de su partido. El salario oficial del presidente del Gobierno en 1996 ascendió a 12,07 millones de pesetas. O sea, que, con 28 millones de los de entonces, Aznar sobresuperó incluso las retribuciones medias de sus conciudadanos de gama alta.
(Iba escribir aquí, ya sin ironías ni bromas y en cambio con mucho cansancio o hastío, que, si tan inútil creen los propagandistas de orden la Ley de Incompatibilidades, harán bien en emprender el lunes una campaña en pro de su derogación: de la ley, no de los propagandistas. También iba a añadir que mejor que nos vapuleen a que nos tomen por imbéciles. Pero dejaré el paréntesis: me temo que, vapuleados o no, nos seguirán tomando por imbéciles, todo ello a la misma vez, que diría el inolvidable Lopera)

2. Y ahora sin paréntesis ni corsé, abajo dejo el enlace a un interesante estudio de los profesores Enrique García Viñuela y Carmen González de Aguilar sobre la Ley de Financiación de Partidos de 2007. En la página 5, muy clarito y sin necesidad de que el analista televisivo de arriba se lo traduzca, pueden encontrar el peso de los fondos públicos en el presupuesto anual -y legal, se sobrentiende- de los partidos. En el caso del PP, como en el del PSOE, asciende al 75%. O sea, que salieron del erario público 73.302 euros de los 97.737 que tan generosamente sirvieron al PP para sobrecompensar, repitamos, el sobretrabajo del sobrepresidente. Regeneración. Austeridad. Solidaridad. Todo ello a la misma vez.

Montoro ministro-empresario…

Montoro ministro-empresario… y el equipo de ‘Asesores S.L.’ que le siguen del negocio a la política y viceversa


Cristóbal Montoro es un ministro muy especial. Lo es aunque sólo sea por un ‘logro’ del que pocos, muy pocos, además de él, pueden presumir: haber estado dos veces al frente de la misma cartera.., y nada menos que la de Hacienda ¿Se les ocurre algún otro caso similar? Una situación así es todo un ‘regalo’ que, hay que concedérselo, él se ha ganado a pulso. Y que no disfruta él solo, sino con todo un equipo, una serie de personas que le han acompañado cuando el ministro ha sido político…, y también, cuando ha sido empresario.

Montoro se convierte en ‘emprendedor’…
Ponemos orden a los hechos. José María Aznar ascendió a Cristóbal Montoro de Secretario de Estado de Economía a ministro de Hacienda el 28 de abril de 2000. Y en el puesto le mantuvo hasta el último minuto, el 17 de abril de 2004, cuando el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tomó posesión. El ministro tuvo entonces que ‘reenfocar’ su vida, y apostó por convertirse en ‘emprendedor’, que se diría conforme al lenguaje actual del Partido Popular.
La verdad es que, como se sabe, en aquella primavera en la que dejaron el gobierno no fue a Montoro al único al que se le ‘iluminó’ esta salida. Recordamos que también entonces Aznar (y Botella) fundaron Famaztella S.L. como forma de seguir ganándose la vida con la experiencia que habían obtenido en años previos. Menos familiar, y a lo que se ve más hombre de amigos, Montoro lo que hizo fue crear una empresa a la que, quizás sin mucho ingenio, llamó ‘Montoro y Asociados Asesores S. L.’.

… pero sin dejar la política
No significa esto que el exministro renunciara a la política. Al contrario. Al tiempo que una parte de sí mismo daba el salto al negocio, no olvidaba también cuidar su otra cara, la de político. Y lo hacía en un doble sentido. Por un lado colocándose en las listas para las elecciones europeas, lo que le permitía bajarse del ministerio en abril de 2004, y subirse al europarlamento en julio de ese año (en el que permanecería hasta marzo de 2008). Por otro, trabajando su posición en Génova, acercándose a Rajoy, y convirtiéndose en la ‘voz oficiosa’ de la economía ‘popular’. Si son mal pensados, podría decirse, que trabajando en su ‘regreso’ al poder para cuando tocara.
El ministro, como hemos dicho, llamó a su empresa, muy descriptivamente, ‘Montoro y Asociados Asesores’. Y es que él era el jefe, pero no era el único…, había también otros ‘asesores’. Y alguno de los nombres de estos ‘socios’, merece la pena apuntarlos ya. Porque, como se va a ver, tienen también su historia.

Los compañeros de política, que también lo son de aventura empresarial
Ricardo Martínez Rico, que había sido primero jefe de gabinete del propio Montoro cuando este era secretario de Estado, y luego él mismo secretario de Estado de Presupuestos y Gastos en Hacienda (sí, con Montoro también de jefe), fue consejero y administrador único de ‘Montoro y Asociados’; Francisco de Asis Piedras Camacho, que fuera director de Gabinete del propio Montoro, era otro de los consejeros ‘asesor asociado’; Mariano Ruiz Gallud, que con Montoro fue director general de la Agencia Tributaria, ocupó los cargos de apoderado y consejero ‘asesor asociado’; Manuel de Vicente Tutor, antiguo subdirector general de planificación y programación de Hacienda y exdirector de Gabinete del director de la Agencia Tributaria, ocupó los cargos de secretario y consejero ‘asesor asociado’… Hay otros, pero no vamos a liarlo aún más. Les hablamos, eso sí, de alguno más tarde.
Esta vida doble Cristóbal Montoro la mantuvo hasta el año 2008. Él mismo ha presumido mucho últimamente de haber puesto final a su doble cara ‘emprendedor-político’ por responsabilidad. Lo hizo cuando dejó Europa y se convirtió en diputado y portavoz oficial económico del PP en marzo de 2008.

Montoro se va, pero la empresa continúa
No es que entonces el exministro acabara con lo que inició y que ‘Montoro y Asociados Asesores’ desapareciera, no, sólo la transformó, y pasó a llamarse ‘Equipo Económico S.L.’. En efecto, Montoro vendió sus acciones en la empresa, pero dejó a sus viejos amigos y colaboradores de años en el ministerio al frente de esta ‘nueva’ compañía que, claro, también mantuvo a los clientes. Es decir, Montoro ya no estaba entre los accionistas, pero los viejos altos cargos que le acopañaron cuando fue ministro de Hacienda allí continuaban.
Alguien, manteniendo el paralelismo con la administración pública, ha calificado el efecto de la salida de Montoro en su empresa de asesores, como un simple ‘corrimiento del escalafón’. Y algo así pasó. Porque, por hablar sólo de la cúpula, a Montoro, que había sido Presidente Consejero, le sustituyó al frente de la nueva empresa su viejo secretario de Estado, Ricardo Martínez Rico, que, como decimo hasta entonces había sido administrador único, con el mismo cargo, Presidente Consejero.  ¡Ah!, un dato más, Cristóbal se va, pero los Montoro no desaparecen del todo… Ricardo, su hermano, seguiría en la empresa hasta diciembre de 2012, cuando por la razón que sea, consideró que debía vender sus acciones y también desaparecer como ‘asesor asociado’.

Cuando Montoro regresa al ministerio, con él regresan algunos ‘asesores asociados’
Cuando en 2011 el PP regresó a la Moncloa, Rajoy se acordó de Montoro, pero no para cualquier cosa, sino en un gesto como decimos totalmente atípico, para devolverle la misma cartera: ministro de Hacienda… Y Montoro no fue menos que su amigo y presidente y también él se acordó de su clan.
Citemos sólo los nombres clave. Para su jefatura de gabinete Montoro echó mano de… Felipe Martínez Rico. Sí, exacto, el hermano de Ricardo, el que había sido primero su jefe de gabinete y luego su secretario de Estado entre 2000 y 2004 y que también le sustituyó en el cargo máximo en ‘Montoro y Asociados’ ahora reconvertido en ‘Equipo Económico’. Si tienen cierta sensación de que ‘todo queda en casa’, aún hay más ejemplos. Quizás alguno incluso más significativo. Y es que a la hora de elegir al titular de la subsecretaría, el puesto clave que controla la vida, las decisiones.., incluso los gastos del ministerio, también Montoro decidió echar mano de su vieja empresa, y sacó de ella a Pilar Platero Sanz, que hasta el nombramiento era consjera ‘asesora asociada’.

Lo que se puede hacer cuando se está entre amigos
La puerta giratoria, la que lleva de la política a la empresa y devuelve a la política, con el gozne Montoro, como se ve, se movió y mucho en todos estos años. Pero aún así, esto, las ‘transfusiones’ de cargos y personas, son sólo lo evidente. Hay otras cosas que cuando gira la puerta pueden colarse también y que resultan menos patentes, por lo que exigen más explicación. Por ejemplo, para entender por qué en la Agencia Tributaria se han estado produciendo ceses y altos cargos de una manera inopinada a partir de la investigación que se hizo sobre las operaciones en España de una empresa, Cemex, la cementera estatal mexicana. O sobre qué papel juega en todo ello la inevitable FAES como lugar de cruce de personas e intereses.